Reseña: El camino de los reyes

19556g21.jpgBrandon Sanderson es uno de esos nombres que resuenan con fuerza en la actualidad de la literatura fantástica. Hace ya algún tiempo (desde la publicación de Elantris en el año 2005 si no me fallan los cálculos) que Ediciones B, y ahora a través del sello NOVA, trata de introducir a Sanderson en un siempre adormecido mercado español. Hasta ahora, el público a fallado a favor del americano, encumbrándolo a las listas de los más vendidos en las librerías especializadas.

Pero es innegable que la fantasía goza de una excelente salud en estos tiempos que nos toca vivir y, como todos sabemos por qué, no creo que esto merezca mayores explicaciones. Este auge -o burbuja, según se mire- ha traído consigo algunas cosas buenas, y otras no tan buenas. Entre estas últimas se cuenta el nuevo dogma de que la fantasía adulta es sinónimo de desmembramientos, muertes y personajes hoscos. Contribuyen a ello obras -algunas buenas, otras de cuestionable calidad- que gozan del favor del gran público y terminan marcando tendencia. Pero, en fin. Ni yo ni nadie somos quién para decir que el público se equivoca; al fin y al cabo, la literatura no deja de ser un negocio, y el lector juez y verdugo absoluto.

Entre ese abanico de cosas buenas que el fenómeno fantástico actual nos trae, se encuentra Sanderson.

El archivo de las tormentas (creo necesario referirnos en primer lugar a la serie) es una saga de fantasía épica que pretende abarcar, según el propio Sanderson, la friolera de diez tomos. Dejemos clara una cosa: no me gusta nada esta tendenciosa manía de convertir todo en una serie. Y si un autor me plantea una odisea de semejantes dimensiones pienso afinar la lupa al máximo y encontrar el motivo por el cual ese autor cree que merece el tiempo y el dinero que voy a invertir en ver su historia concluida a lo largo de diez extensísimos volúmenes. A veces, este ejercicio analítico termina en una decepción que corrobora la sospecha inicial de que la elección del formato responde más a un motivo editorial o tendencial que a las propias necesidades de la historia. Bien, por ahora Sanderson aprueba con nota. Voy a explicar por qué.

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El camino de los reyes nos presenta el mundo de Roshar, un variopinto cuadro de influencias y rarezas. En este aspecto, Sanderson se ha convertido en arquitecto y constructor, poniendo con mimo cada piedra y cada tabique para conformar un universo único y heterogéneo. Una de las mejores cosas de este libro es sacarte de encima la sensación de estar leyendo ese universo medievalista otra vez. Esto es algo distinto; es Roshar y, te guste más o te guste menos, es el producto de una exhaustiva labor de inventiva, imaginación y minuciosidad.

En este contexto se desarrolla un conflicto que ya viene durando demasiado tiempo; la guerra entre los parshendi y los alezi. Los primeros, unos extraños seres que hace seis años quebrantaron un tratado inminente entre ambas naciones con el asesinato del rey Gavilar. Los segundos, una nación cuyo poder militar y político se encuentra dividido. Una sociedad fragmentada de largo arraigo castrense, donde la arrogancia de la autocomplacencia y el éxito personal son el único camino que un hombre ejemplar puede seguir.

Sanderson centra la acción en tres personajes principales: Kaladin, antiguo jefe de pelotón del Alto Príncipe Amaram; Dalinar, Alto Príncipe de Alezkar y hermano del difunto rey, que ha empezado a mirar con recelo la filosofía individualista alezi; y Shallan, una prometedora joven que viaja en busca de Jasnah, hija de Gavilar, con el objetivo de convertirse en su pupila. Entre los grandes bloques que componen el libro nos encontraremos con algunos capítulos que, de forma intermitente, nos meten en la piel de otros personajes, entiendo que con el objetivo de dar algo más de contexto al lector. Entre ellos se encuentran Adolin, hijo de Dalinar y perfecto avatar del arrogante joven alezi, o Szeth, el enigmático asesino del rey Gavilar.

Todos estos personajes funcionan bien como argamasa para la historia, y se conducen sin caer en el pozo de las infinitas tramas inconclusas. No hay un profuso galimatías de identidades que solo obedecen al fin de engordar las páginas. Que no se me malinterprete;  Sanderson se toma sus licencias, pero lo hace de forma mesurada y con cabeza. Es de agradecer.

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Sanderson consigue algo que considero imprescindible, y más si hablamos de un mamotreto de mil páginas. Los personajes importan, y consiguen que al lector le importen. Esto es en parte porque no son meros conceptos sobre-polarizados; no estamos hablando de personajes que se limitan a demostrar su cinismo en cada palabra y cada acción porque eso es de lo que va la fantasía adulta. Ni de personajes que se plasman en tinta indeleble y están condenados a cumplir con el estereotipo porque es el palco que les toca en la visión del autor. Tienen luces y sombras; experimentamos sus esperanzas, sus expectativas y sus dudas, sus remordimientos y sus ambigüedades. Adquieren un matiz de credibilidad sin necesidad de caer en lo vulgar ni en recurrentes palabras malsonantes. La evolución y la maduración detrás cada personaje se siente real, porque obedece a estímulos que el lector puede entender.

Desde el primer momento te das cuenta de que esto va a ser una serie de diez libros. El camino de los reyes no tiene un ritmo precisamente rápido, ni Sanderson ningún reparo en llevarte de paseo por el museo de ciencias naturales de Roshar, darte una pequeña lección de sociología shin o un cursillo exprés de teología vorin. Estos pasajes no son especialmente recurrentes y gracias a ello no se hace pesado seguir leyendo; Brandon tiene mil páginas para darte toda esa información y no hay necesidad de saturar. Al final consigue que el worldbuilding sea interesante, tenga encanto y favorezca la inmersión.

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Por desgracia, en este mundo tan heterogéneo y con tantas capas de complejidad nos encontramos a veces con determinados elementos que no parecen terminar de perfilarse —aunque no dudo de que acabará ocurriendo eventualmente—, como los spren, los parshendi o el vorinismo, de los que a menudo sólo obtenemos breves y esporádicas pinceladas. Tiene su por qué, y estoy seguro de que la parquedad de ciertas descripciones es un hecho más que premeditado. La trama está llena de interrogantes que se entrelazan con la mitología, misterios, secretos e informaciones a medias. A veces, Brandon te tortura con un recurrente te lo cuento pero no te lo cuento. Sanderson maneja este recurso con pericia y no se ciñe al cliffhanger fácil; eso sí, es un maestro dosificador de información, así que si eres de esos que necesitan saber todo desde ya, mejor tómatelo con calma.

Sanderson no oculta en ningún momento su estilo orwelliano (lo reconoce abiertamente, de hecho), lo cual es digno del máximo respeto. Pero a veces me faltaba algo en la narrativa, un poco de rock’n roll, alguna evocadora floritura. La prosa es lineal, sobria y sin apenas altibajos, lo cual no es intrínsecamente malo, sino una cuestión de preferencias. Otra de las cosas que me han hecho torcer el gesto demasiado a menudo es la abrumadora falta de acción dinámica; casi todos capítulos giran en torno a los conflictos internos de los personajes. Algunos son, literalmente, “Kaladin sentado tomando decisiones” o “Dalinar dudando de sí mismo”. Bueno, ya dije que no era una lectura rápida. Pero espero que esta tendencia se atenúe en futuros volúmenes, porque es fácil dejar de tomar en serio a un personaje cuando ya has escuchado el mismo soliloquio catorce veces.

Hay algo que debo destacar, pues parece ser un raro don entre los escritores de fantasía: los personajes femeninos son algo digno de leer. Las mujeres de Sanderson son personas inteligentes, ingeniosas y con matices. No están ahí para soplarle los vientos al protagonista ni para encubrir algún oscuro complejo del autor. No son instrumentos esperando a ser tocados por el hombre correcto y así sacar su verdadero sonido (le tomo prestada la frase al bueno de Rothfuss; lo siento macho, me caes bien, pero aquí te colmaste de gloria). Brindo por ello.

En definitiva, la propuesta de Sanderson es una auténtica epopeya de proporciones épicas. Una trama bien conducida -el tramo final es de infarto-, personajes bien construidos y un mundo único en el que apetece perderse. Yo, al menos, no necesito nada más.

4-of-5

Ficha técnica:

Título original: The Way of Kings
Autor: Brandon Sanderson
Primera publicación: 2010
Número de páginas: 1.007

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