Reseña: La primera ley

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“Nunca se tienen suficientes cuchillos”.

Joe Abercrombie es uno de esos nombres que resulta casi imposible no mencionar cuando se habla de fantasía contemporánea. Nacido en Lancaster, este editor cinematográfico hecho escritor es un alma relativamente joven en el mundo de la fantasía escrita. La trilogía que reseñamos comenzó a publicarse allá por el año 2006, siendo este su debut literario, y se completó finalmente en 2008 con la publicación del último volumen. La primera ley es el primogénito literario de Abercrombie, y merece sin duda que le dediquemos algunas líneas.

La trilogía está formada por La voz de las espadas, Antes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes. Más que detenerme en hacer un análisis exhaustivo de cada volumen, prefiero plasmar una imagen general de la trilogía, valorándola como obra auto-conclusiva y entendiendo cada uno de los libros como parte de un conjunto mayor. Creo que con ello será suficiente para dar al lector una idea aproximada de la propuesta de Abercrombie. También hay otro motivo para esto: hace ya algún tiempo que leí La primera ley, de modo que algunos detalles se han ido diluyendo inexorablemente en mi memoria. Sin embargo, los personajes, el núcleo de la historia y las sensaciones permanecen como el primer día. Eh, eso es bueno, ¿no?

La primera ley se sitúa en el Círculo del Mundo, un escenario medievalista típico, pero típico de narices. En el centro, La Unión, los que mandan; arriba, los brutos e incivilizados norteños, que empiezan a rebelarse; abajo, el malvado imperio de sangre conquistadora.

Bueno, tengo que reconocer que el setting no me pareció muy prometedor al principio. No hay nada especialmente remarcable en el Círculo del Mundo, nada que lo haga destacar sobre otras ambientaciones, o que llegue siquiera a sorprender al lector. Es difícil quitarse esa sensación constante de “esto ya lo he leído”, porque hasta los ciscos geopolíticos que ocurren parecen ser los mismos de siempre con otros nombres. Súmale el hecho de que la magia y lo sobrenatural brillan por su ausencia en La primera ley —que no significa que no existan—, y que la tónica general es la de una manida fantasía oscura con muchas muertes y desmembramientos de por medio. La ambientación de La primera ley me resultó extremadamente aburrida al principio, aunque luego va mejorando. Y es una pena, porque tiene ciertos elementos muy prometedores que brillan con luz propia. Algunos de estos elementos los utiliza Abercrombie con acierto; otros pasan a un inexplicable segundo plano. Sea como sea, la primera impresión fue mejorando a medida que avanzaba la lectura e iban apareciendo algunos matices que le daban al contexto un aire un poco más distinguido.

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Que no os desanime lo que acabo de contaros. La primera ley tiene unas cuantas cosas buenas, muy buenas, que son las que convierten un setting a priori mediocre en una historia que merece ser leída. La primera de ellas son los personajes. Pongamos que elegimos como protagonistas a un norteño sanguinario con el pasado más oscuro al otro lado del charco; a un remilgado y arrogante señoritingo de buena familia que pasa sus días en la Guardia jugando a las cartas, emborrachándose y persiguiendo faldas; a una ex-esclava que solo vive para cercenar, masacrar y torturar a los que la han atormentado desde su niñez; y a un inquisidor tullido, calculador y taimado que no tiene ningún reparo en hacer a sus víctimas lo mismo que a él le hicieron en la guerra. Vaya cocktail, ¿eh?

Los protagonistas son el pilar maestro de esta obra. Porque todos han tocado fondo —o están a punto de hacerlo—, absortos en el egoísmo o en la autocompasión. El autor hace un buen trabajo conectando al lector con los personajes, que van adquiriendo nuevos matices a medida que se desarrolla la historia. Estos cambian, mutan, evolucionan, y a veces hasta involucionan, renqueando a través de la narrativa bajo la mirada de sus propios demonios, sus traumas y viejos rencores. El mundo no siempre es lugar para segundas oportunidades, y los héroes no siempre existen en la cruda realidad.

Uno de los aspectos más atractivos de la trilogía es cómo la mitología se mezcla hasta el fondo con la trama, gracias a que uno de los personajes más recurrentes —Bayaz— es parte de esa mitología y la conoce de primera mano. Viejos enemigos, guerras ancestrales, traiciones olvidadas… Al contrario que en otras ambientaciones en que la mitología es poco más que un montón de historias olvidadas, en La primera ley las leyendas son algo muy real, y se entremezclan con la historia para crear un complejo mosaico al que miras y no puedes evitar preguntarte: ¿cuándo comienza realmente este arco narrativo? Todo parece estar conectado, ¿verdad?

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Aunque el Círculo del Mundo peca en ocasiones de convencional, Abercrombie es uno de esos autores que se esfuerzan por alejarse de los recursos más explotados y aborrecidos del género. Hay algo de esto en la propia historia, en la forma en que se desarrolla y en las conclusiones finales, en la propia evolución de cada personaje. No quiero hablar mucho sobre esto para no spoilear más de la cuenta, pero el mensaje que manda Abercrombie con La primera ley es un destructor de clichés en sí mismo, y lo mejor de todo es que no se le ve venir hasta que ya es demasiado tarde. Me gusta cuando hay un mensaje detrás de la historia; ese momento de entendimiento entre el autor y el lector es cuando aparece la auténtica magia.

Abercrombie es diestro con la pluma, no lo voy a negar. Se aprecia una clara mejoría a lo largo de los volúmenes (no olvidemos que La voz de las espadas fue su primer libro publicado), y eso es reconfortante. Es especialmente hábil describiendo escenas de lucha. El autor es un auténtico maestro cuando se trata de dar hachazos. Te mete de lleno en la narrativa y casi puedes ver el miedo en la cara de los soldados, sentir la furia del Sanguinario, o saborear el odio viral de Ferro. El hedor de la sangre y las vísceras te acompañará durante casi todo el viaje, así que prepárate. En general es un autor que gusta leer, correcto en casi todo momento, ingenioso y crudo cuando toca serlo.

No obstante, hay ciertos momentos y ciertos peros constantes que socavan la calidad literaria de Abercrombie y le hacen parecer más novel de lo que es en realidad. Uno acaba cansado del tono lacónico-sarcástico del que abusa en la narrativa de Glokta, o de los extenuantes diálogos internos de este personaje. Vale, Joe, ya sabemos que es un tipo repulsivo y amargado, no hace falta recordarlo cada tres párrafos. También es desesperante que los personajes femeninos estén tan mal dialogados y sean tan nefastos en general, hasta el punto de querer tirar el libro por la ventana con cada aparición de Ardee West. Algunos me dirán que Ferro y Vitari son personajes femeninos bien construidos. Yo les diría que Ferro y Vitari están más cerca de ser hombres con tetas que de ser personajes femeninos. No, no es eso a lo que me refiero. Pero ese es otro tema, y este no es el momento de abordarlo.

Las intrigas “palaciegas” son otro de los puntos negativos. Y me duele, porque me encantan las conspiraciones, los cuchillos bajo la almohada y las amenazas veladas. En serio, ¡me encantan! Pero, por algún motivo, aquí no terminan de cuajar ni de sorprender, no están tan bien desarrolladas como deberían y al final da la sensación de que están totalmente fuera de lugar. Ni siquiera tienen tanto peso en la historia como para justificar todas esas páginas de dimes y diretes y de conjuras insustanciales. Abercrombie quieren que funcionen y se nota el esfuerzo, pero se queda a medio camino.

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Siempre he dicho que es una pena cuando un autor desaprovecha algunos de sus mejores recursos. En este caso, hablo de los Devoradores. Estos extraños antagonistas son uno de los elementos más interesantes del lore, ¡y apenas se les ve el pelo! En todo momento quería saber más sobre ellos, verlos en acción, poniendo a los protagonistas entre la espada y la pared. Verlos desplegar esos poderes alucinantes que se mencionan sin parar, sentir el pavor que infunden con su simple presencia. Son cojonudos, pero se quedan en un cuasi-eterno segundo plano. Y esto, en mi opinión, es un desperdicio. Por otro lado, el universo de Abercrombie no se agota con La primera ley, sino que se expande en sus obras posteriores. Quiero creer que estos comedores de carne encontrarán algo más de protagonismo en estas, y que el autor ha preferido no gastar todas sus balas en el primer asalto.

Sea como sea, estamos ante una trilogía muy digna y entretenida de leer. Con sus giros, sus batallas, momentos de tensión  y también de humor, sus revelaciones inesperadas y con unos personajes con los que es fácil empatizar, porque se sienten muy reales. La historia es buena pero, la verdad sea dicha, podría haberse contado perfectamente en dos volúmenes. El tramo final es espectacular, y la resolución deja el listón muy alto y un sabor de boca inmejorable. Como mínimo, Abercrombie consigue llevarse la atención y el respeto del lector y, en mi caso, dejarme con ganas de echarle un vistazo a sus obras posteriores.

Porque no me cabe duda de que Abercrombie aún tiene mucho que contar sobre el Círculo del Mundo, un lugar que al final resultó ser mucho más complejo e intrigante de lo que parecía en un principio. Y volveré a él, con el tiempo. Hasta entonces, de vuelta al barro, como diría Nuevededos.

3-of-5

Ficha técnica:

Título original: The First Law (Trilogy)
Volúmenes: The Blade Itself, Before They Are Hanged, Last Argument of Kings
Autor: Joe Abercrombie
Primera publicación: 2006
Número de páginas: 1.671

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6 comentarios sobre “Reseña: La primera ley”

  1. No he leído nada de este buen señor y no estoy seguro de que sea mi tipo de fantasía. Pero la reseña me ha parecido muy interesante y me ha ayudado a hacerme una imagen de esta trilogía que se menciona muchísimo allá por Ábretelibro.

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    1. Abercrombie pertenece a esa escuela de la fantasía realista y cruda que a mí particularmente no me apasiona. Me recuerda en bastantes cosas a R.R. Martin y ya te digo que no soy el mayor fan de este último… Pero Abercrombie me gusta, por lo general. Sobre todo cuando intenta -y consigue- ser poco ortodoxo. Pero no sabría decirte, porque a mi señora, por ejemplo, le encanta Martin y a Abercrombie no lo traga, de modo que la comparativa tampoco es muy fiable. En esta trilogía está un poco verde aún, pero también se intuye una buena pujanza a medidas que pasas páginas. Es un tío que ha evolucionado muy bien. Sigo teniendo pendientes sus últimas obras. Ya me contarás si te animas con algo suyo 😛

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