Reseña: El cielo roto (Crónicas del fin #1)

Cielo-Roto - copia.jpgUna nueva saga de fantasía oscura despega con dos firmas capaces de inspirar, cuanto menos, confianza e interés a partes iguales. El cielo roto es el título elegido para la novela corta que abre la saga Crónicas del fin, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina. Si te apetece zambullirte en este pozo de decadencia, de seres infernales y hechicería de usar y tirar con fuertes ramalazos lovecraftianos y un montón de buenas ideas, no te cortes; pasa y acomódate.

A título personal, tengo que decir que admiro el trabajo de Cotrina, todo un referente a quien he tenido el gusto de leer en en varias ocasiones. No obstante, este es mi primer acercamiento a la literatura de Gabriella Campbell, de la cual, si bien conozco y sigo su estupendo trabajo como maestra jedi para escritores, no había leído nada hasta ahora. A la vista del resultado, habrá que remediar eso.

img_2360.jpgYa sabéis que no me gusta taladrar con detalles argumentales (para eso tenemos aquello a lo que llaman «sinopsis» o, mejor aún, el propio libro), y que prefiero centrarme en analizar otras cuestiones como los personajes, el ritmo o la habilidad -o inhabilidad- del autor para comunicar su mensaje. Hoy me conformaré con decir que El cielo roto propone un trasfondo post-apocalíptico en el que la Tierra se ha convertido en un cadáver humeante infestado de monstruos, aberraciones y horrores cósmicos. A mí el género apocalíptico no me apasiona; no obstante, aquí la Tierra ha cambiado tanto que casi no parece la misma. No es como si estuviéramos ante una versión desvaída de nuestro mundo actual, sino más bien ante un mundo nuevo cuyas raíces nos son familiares, pero que funciona con unas reglas muy distintas. Con el riesgo que ello conlleva. Lo primero que se me pasa por la cabeza es «perplejidad»; te encuentras ante un setting que se aparta de lo previsible, rico en matices, con sabor propio. Hay que transmitir ese mundo al lector, hacer que conecte con él, que sea capaz de verlo en su cabeza. Esto, en un tomo de 58 páginas no es tarea fácil. Siempre corres el riesgo de quedarte corto, pero también puedes pasarte de frenada. Por suerte, en este particular los autores aprueban con nota; te dan los datos necesarios para empezar a moverte por el mundo de Adra, pero no caen en la trampa recurrente de los infodumps perniciosos. No voy a negar que esta parquedad me ha dejado siempre con ganas de saber más. Aunque eso es algo bueno, ¿no? No olvidemos que El cielo roto es solo el primer plato de algo mucho más grande.

Lo escueto del formato elegido hace difícil verter una opinión muy extensa sobre el contenido de este nuevo proyecto. Normalmente, prefiero abordar una obra al completo y analizarla como un ente complejo más que incidir sobre cada una de sus partes. El cielo roto es un puente al resto de la saga, y cumple su cometido con creces. Las andanzas de Adra y su inseparable galgo (adoro a los malditos galgos) Winston se escoran hacia un periplo donde la locura, lo inhumano y el misterio forman una espiral cargada de magnetismo y morbo por lo truculento. Los autores demuestran su habilidad creando imágenes poderosas, de las que perduran, en un escenario con regusto al mejor pulp y un poco cafre en ocasiones. En muy poquitas páginas tenemos acción, suspense, terror y demencia en buenas y generosas dosis. Las diferentes tesituras funcionan bien en la atmósfera desesperada y cruda de la novela, un mosaico de matices con la oscuridad como hilo conductor.

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Mis dos principales problemas con El cielo roto han sido, por un lado, la protagonista y, por otro, ciertas decisiones de estilo. El primero es fácilmente excusable; estamos ante un libro introductorio y 58 páginas no dan para más. Es evidente que a Adra le falta desarrollo por los cuatro costados, algo que, como es normal, se delega en futuras entregas. Aun siendo consciente de ello, lamento decir que la prota no ha conseguido hacerme sentir nada. En absoluto. Quizás era exactamente el tipo de protagonista que esperaba encontrarme en una novela de esta naturaleza (hosca, fría, lacónica, con un pasado trágico), y eso ha anulado cualquier interés que pudiera sentir por ella desde el primer momento. No lo sé. De todos modos, aún hay camino por delante, y estoy seguro de que Adra ganará muchos enteros a su debido tiempo. Respecto a lo segundo, también matizaré que estamos en el terreno de lo puramente subjetivo, y que ambos autores me parecen unos auténticos profesionales con muchas tablas y muy poco que discutirles. Escriben muy bien, que ya quisiéramos algunos. No obstante, también creo que hay que ser honesto y señalar todo lo que de verdad no te ha gustado de una obra. Así me gustaría que fuera si yo estuviese al otro lado de la novela. A lo largo del libro hay algunos detalles de forma que creo, desde mi posición sesgada y probablemente errónea, se podrían haber trabajado un poco más: algunos símiles bastante trillados («silencioso como una sombra», por poner), cierta adicción al punto y coma, algún abuso del flashback o diálogos internos muy concentrados que diluyen la acción, o el uso de términos malsonantes que dan la impresión de no tener otra finalidad que elevar el tono adulto del libro, cuando esto es una cualidad que va implícita en el fondo y no en la forma.

Pese a ello, debo decir que El cielo roto presenta un estilo muy pulcro y acertado. Un libro bien escrito, con cabeza, que luce algunos pasajes realmente buenos -y viscerales- que no he podido resistirme a subrayar (sí me resistiré, sin embargo, a transcribirlos aquí para que podáis descubrirlos de primera mano). Y aunque es imposible dejar de notar los cambios de estilo (es lo que tiene escribir a cuatro manos), en ningún momento he sentido que esto fuera un problema.

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Tengo esperanzas en esta saga. La fantasía oscura es un género que me apasiona, sea cual sea el formato en que se presente. Me vais a permitir divagar un poco: creo que el término «oscuro» a menudo se utiliza erróneamente como sinónimo de creepy, aludiendo más a una decisión de forma que a una verdadera declaración de intenciones sobre el mensaje de la obra. Para mí, algo oscuro es lo que consigue sacudirme por dentro con su mensaje y los temas que maneja. La sangre, las vísceras y las palabrotas son recursos como cualesquiera otros. Están ahí, enriqueciendo, adornando o restando, según el caso, pero no son valores que califiquen una obra como oscura. Esta debe trascender, delinear esa oscuridad en un plano menos llamativo pero más profundo, y de esta forma llegar a tocar al lector. Si no lo hace, considero que esa obra ha fracasado. Pero perdonad el desvarío, que poco o nada tiene que ver con el libro que nos ocupa; la realidad es que es demasiado pronto para determinar hacia dónde se dirige esta saga. Lo que sí puedo afirmar es que empieza con buen pie. Y no es poco.

Creo que El cielo roto logra su objetivo: hacer que quieras seguir leyendo, adentrándote en este universo retorcido y embriagador que se han sacado de la manga. Creo que Cotrina y Gabriella tienen algo bueno entre manos. Cómo acabe esta aventura depende de ellos. Por lo pronto, ya estoy buscando hueco para ponerme con la segunda novela corta de la serie, El dios en las alturas. El listón está bien alto y el lanzaensalmos -espero- recién cargado.

4-of-5

Ficha técnica:

Título original: El cielo roto
Saga: Crónicas del fin
Autor: Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina
Primera publicación: 2017
Número de páginas: 58

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2 comentarios sobre “Reseña: El cielo roto (Crónicas del fin #1)”

  1. Hola 🙂 Desde el comienzo me ha resultado muy interesante el proyecto folletinesco que han llevado a cabo, y tras leer la primera entrega me resulta un acierto. Cortito, interesante, intenso y sin rellenos ni devaneos. Una lectura para divertirnos, para sufrir, para ver la crueldad del mundo y disfrutar de lo que nos gusta. Tengo la segunda parte esperándome en el kindle. Un abrazo^^

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    1. Totalmente de acuerdo 🙂 Tengo ganas de ver cómo continúan las peripecias de Adra, aunque temo que el formato corto de la serie me acabe dejando con ganas de más. Bueno, la opción de ampliar siempre estará ahí. Qué buena pluma tienen los dos, por cierto.
      Gracias por comentar. Un saludo Daniel 🙂

      Me gusta

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