Reseña: El mundo interior

mundointeriorCon una narrativa precisa, contundente y técnica, Robert Silverberg nos traslada unos años hacia delante en la historia de la Tierra. A un mundo en el que las personas viven dentro de diferentes arcologías, donde se dividen a su vez según su profesión y status social. Las más importantes se sitúan en los pisos superiores y las menos, en los inferiores. De esta forma no solo premian el esfuerzo por progresar, sino que para ellos resulta un claro simbolismo de su ascensión hacia Dios.

 

Se trata, como he dicho, de una sociedad profundamente creyente, cuyos principios y valores girarán en torno a la procreación, llegando a dar grandes beneficios a las familias con más de 4 hijos. La superpoblación ya no resulta un problema puesto que, gracias a las grandes edificaciones de hormigón (que se ciernen sobre los restos de antiguas ciudades) a las que llaman hogar, la sociedad puede vivir de forma ordenada, dejando grandes espacios de terreno a una agricultura que pueda abastecer a tantas bocas.

Aunque desde un primer momento, se hace referencia a la vida humana en otros planetas (Venus para ser precisos), todo el libro se centra en la vida en la Tierra, donde el 90% de la población vive en estas arcologías  y sólo el 10% en pequeñas tribus ubicadas en mitad de las grandes llanuras dedicadas a labores agrícolas y ganaderas.

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Se trata de una clara distopía donde todo el mundo está aparentemente conforme y feliz con el mundo que les rodea, con la sola preocupación de ascender en el edificio (que aunque está completamente relacionado con el status social, no hay problemas de clases ni ningún tipo de discriminación a la hora de relacionarse) y tener hijos con los que agradar a un Dios que ven cercano. Llegan incluso a competir entre las distintas arcologías (que se puede suponer que haya mínimo unas 130) para ver cuál es la que alberga a una población mayor, sintiéndose alagados si son los primeros en el ranking. El tema de la progenie resulta ser bastante sensible, llegando a haber problema e incluso rechazo entre los mismos vecinos, si no se alcanza un número satisfactorio de hijos

A pesar de estar ambientada en un futuro, la tecnología no tiene un papel primordial en sus vidas, más allá de los pequeños electrodomésticos del día a día. Viven en apartamentos de 50 metros cuadrados, donde no hay intimidad (y les horroriza tenerla), equipados por muebles que se hinchan y se deshinchan para proporcionar una estancia algo más espaciosa (recordemos que una familia pequeña son 4 hijos).

Un detalle que impacta de primeras es el hecho de que, aunque la sociedad se representa como religiosa y extremadamente devota, el sexo libre se ve como algo a fomentar. Tanto es así, que se empiezan a tener relaciones sexuales desde los 7-10 años, y no suele ser de forma monógama hasta incluso después del matrimonio. Por las noches, los maridos (y algunas mujeres) salen de sus hogares para hacer rondas nocturnas, en las que copulan con sus vecinos. No hay que decir, que los celos están claramente erradicados, para evitar confrontaciones.

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El libro se desarrolla en siete capítulos, en los cuales se cuenta la historia de personajes distintos. Se asemeja más a una crónica, donde el paisaje y la realidad son los mismos, pero los protagonistas de las historias van cambiando. De esta forma, podemos llegar a conocer distintas esferas de la misma realidad, sin que llegue a parecer incoherente o argumentalmente forzado. Casi todos te dejarán con el característico amargor de una buena distopía.

La sociedad presenta unas características y costumbres que a día de hoy nos resultaría difícil de imaginar. Por eso, resulta sorprendente el hecho de que, aunque algunos de los personajes llegan a cuestionarse el por qué o la razón de ser de algunas de sus costumbres, sigan viéndole una lógica a las restantes, aun cuando todas las costumbres parecen estar unidas bajo la misma red y finalidad.

Para comprender ciertas ideas, debemos tener en cuenta que la novela tiene sus años (fue publicada en 1971), pero aun así resulta sorprendente la capacidad para visualizar  que ciertas costumbres sociales hayan acabado llegando hasta nuestros días. Me gustaría añadir que se podrían sacar muchas lecturas de la obra y el simbolismo que utiliza el autor es digno de mención, pero creo que es algo que debéis descubrir por vosotros mismos, si le dais la oportunidad.

¿Y a vosotros, os gustaría vivir en el mundo interior?

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